Sobre IA, salud mental y DDHH
Hace apenas unos días que salió al aire el episodio número 4 de Mundo Cuántico (este programa de radio en TXSPlus que decidí empezar). Si bien en el programa de radio discutimos - primariamente - sobre tecnologías cuánticas, decidí que el cuarto episodio funcione como pulmón, para intentar plasmar (al menos en el schedule) la importancia sobre el uso, consumo y algunos abusos de la tecnología en el plano social/comunitario. Si te interesa escuchar el programa, lo podés hacer desde este link en YouTube.
A lo largo del último año (desde que me radiqué nuevamnete en mi querida ciudad natal, La Plata), me la pasé dando charlas en distintos ambientes. En parte, para descrubrir nuevas plataformas profesionales y colaborativas (quién pudiera esconder tan bien la urgencia laboral de tamaño desarraigo), y en parte para poder - genuinamente - contrastar ciertos interrogantes propios, que cada tanto eligen bailar en el pantanoso terreno de lo interdisciplinar. Ejemplos más concretos de estas charlas: “el impacto de la IA en la industria musical” (charla que dí en la UADE hacia ¿Noviembre? del año 2025), y “Inteligencia artificial y salud mental”, otra charla que di, en un terreno totalmente nuevo para mí, que fue la residencia de psiquiatría inantil del Hospital de Niños de La Plata. El formato charla, como podrá intuir el lector, me sienta bastante bien, aunque intento ser cuidadoso, y sobretodo en sitios como el Hospi.
Preparar la charla del Hospital de Niños me gustó mucho. Es algo que hicimos con Stella, referente de toda la vida, y quien me animó a dar esta charla en primer lugar. ¿De qué puede hablar un físico en el hospital de niños, residencia de psiquiatria infantil, after all?
En la charla, intenté ser lo más sincero, honesto que puede [ser un físico], y con mis (a veces extraordinarias) cualidades de mover mucho las manos, conté cómo funcionaban las redes neuronales, algunos modelos de inteligencia artificial, qué era un Transformer y hasta incluso comparé cuántos CDs se necesitaban para almacenar la información que había en Netflix (creo que era algo así como una torre de 1.2kms de alto). Seguido de estas introducciones con imágenes, enumeré diez ejemplos donde (yo Matías, que se sentó un ratito a pensar y leer sobre…) la inteligencia artificial / los algoritmos / la virtualidad tiene un punto de encuentro con bastante fricción sobre la salud mental. Intenté poner cierto foco en las infancias.
Por supuesto, hay una baraja bastante típica, supongo que un repertorio algo estándar para esta altura de la década, cuando tocamos este tema. A ver si me acuerdo de memoria.
- Lo imaginario, la realidad virtual, los límites (físicos, virtuales, y paternos); la importancia que tiene el juego para un niño, y dentro de ello cómo los límites físicos funcionan de pared sobre la cual la mente de un infante se apoya para salta e imaginar más alto. Cómo la realidad virtual puede atentar un poco sobre esta idea, y esta idea de la tecnología sin límites (que puede ser re copada porque abre las puertas a un niño experimentar cómo volar, pero también puede cerrarle las puertas de la imaginación). Aclaración: esto se me ocurrió pensando un poquito, y cada una de las cosas que estoy enumerando es muy probable que se le haya ocurrido a algún pensador/trabajador anteriormente, y este pecando aquí de copión, bajo el paraguas de la ignorancia.
-Las adicciones, la nueva pandemia juvenil. Este es un tema que se discute muchísimo en los medios en estos tiempos. Las estadísticas dan miedo, y el hecho de que las casas de apuestas online estén entre los principales patrocinadores de los torneos de fútbol lo convierte en un túnel oscuro donde la luz todavía no se adivina.
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Las legislaciones por supuesto no acompañan. Ni hablar en tiempos donde la comisión de Ciencias del Congreso de la Nación está presidida por una terraplanista cuya sanidad mental es, cuanto menos, discutible.
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El uso indiscriminado de los chatbots, algunos ejemplos que tuvieron amplia repercusión mundial, sobre suicidios no prevenidos bajo estos chats y jóvenes de alguna u otra maner vulnerables. Como dice Drexler en alguna canción, la maquina la hace el hombre y es lo que el hombre haga con ella; en este sentido, yo no creo que la culpa de estos suicidos sea la de ChatGPT o el LLM de turno, sino del poco cuidado que tenemos como sociedad para el control y consumo de estas tecnologías (cosa que, casi por definición propia de los tiempos vertiginosos que corren).
- […] algunos más… si te interesa, este es el link de las slides
- La cuestión es que la charla salió bien, en el sentido que mucha de la gente que me escuchó se quedó pensando y (creo no inflarme erróneamente el pecho acá) se generó algo de debate al respecto, debate del bueno. Y allí quedó.
Hasta que me senté a planificar el devenir de la programación radial. Sabía que Mundo Cuántico iba a tratarse sobre “física cuántica, “tecnologías emergentes”, y “algo más”, y me pareció que antes de meterme de lleno en quantum tech, estaba piola reflotar esta idea sobre el impacto de la IA en la sociedad. ¿Y qué mejor que plasmar el impacto que ha tenido la tecnología en nuestra salud mental, si queremos hablar de ello en un lapso tan corto como 30 minutos?
Para eso, se me ocurrió hacer lo que ya había hecho en los primeros programas de radio. Repetir, como un lorito, el contenido de mis charlas, pero en un formato un poco más general y sin imágenes (charlando, al mejor estilo monolístico) con mi micrófono condenser ao vivo. Pero a tan solo unos días del programa, se me ocurrió que estaría mejor traer a una profesional, a una experta. Y a finales del año pasado - en la presentación del libro Margarita y Sulamit, del otro Dr. Bilkis quien resulta ser mi padre - conocí a Mirta Pipkin. No tardé en contarle sobre mi charla en el Hospital de Niños (que la tenía fresca, por entonces) y ella me deslizó su trabajo con adolescentes en situaciones bastante bordes (como las de suicidios) en algunos rincones de Argentina. Allí quedó nuestra conversación, hasta que se me ocurrió invitarla al programa.
¿Cómo convencer a una psiconalista de participar en un programa de radio sobre física cuántica, para charlar sobre salud mental y usos de la tecnología, a tan solo cuatro días de la grabación ao vivo? No lo sé, pero gracias Mirta por haber participado :)
Spoiler alert (!) Mirta contó sobre su experiencia siendo consultora para UNICEF Argentina. Le consultaron a través del Cacique de Amaicha del Valle (según contó, hay un doble gobierno en la ciudad, que tiene por un lado a la comunidad aborigen, por otro lado a las autoridades municipales).
La situación: estaban ocurriendo suicidos en masa, por parte de adolescentes. Sí, algo extremadamente fuerte, delicado, y dificil de abordar. ¿Qué tiene que ver con la tecnología? Allá por el 2010, resulta que los chicos se coordinaban a través de las redes sociales (supongo que en ese entonecs era Facebook), y peor aún, a veces hacían apuestas y juegos sobre quién se suicidaría o cómo. No quise ahondar en detalles para tampoco ponerle un tinte dramático o morboso al pobre programa radial (¡a dónde fue a parar la ecuación de Schrödinger acá!).
En un momento dado, se me ocurrió preguntarle a Mirta (y por supuesto, nada de esto lo teníamos demasiado ensayado, fue bastante espontáneo): “qué cosas funcionaron y qué cosas no funcionaron para abordar estas cuestiones”. Y en lugar de contar sobre protocolos, o sobre prohibiciones, límites, o reglas, lo que Mirta me dijo fue que las madres lograron organizarse, y generar una red de contención [una suerte de red de contención física, o que operaba en el terreno de lo físico y no tanto en el terreno virtual, o de Facebook] para prevenir futuros suicidios. Supongo, algo más del orden del cariño, del contacto, de la charla.
Y acá quisiera darle un giro a este post. Dejar de hacer un raconto del programa, y ahora sí enfocarme un poquito en una reflexión que surgió a raíz de esta pregunta, y que es la razón inicial por la cual me senté a escribir hace una hora (y también por la cual creé este espacio de blog!).
El programa lo grabamos el día 23 de Marzo, que en La Plata es un día muy especial porque se organiza una primera marcha, empieza la vigilia, y una serie de tradiciones vinculadas a la memoria del terrorismo de estado, de la tragedia colectiva, de la complicidad de la sociedad Argentina, para con el último golpe de Estado (que se acuña cívico-militar) en el año ‘76, y que dejó una cifra inexacta de 30.000 muertos, ya que a los mismos se los desaparecía y la mayoría de los cuerpos jamás fueron encontrados. Hubieron más de 700 centros clandestinos de detención, aproximadamente 400 bebés robados, y una violencia, persecusión y terrorismo articulado por parte del Estado. En La Plata, las cifras son escalofriantes, y el fantasma de la dictadura militar recorre nuestras familias, nuestras calles, nuestras instituciones, aún a 50 años. Por eso se organiza una primera marcha en La Plata, durante el 23 de Marzo, y una gran marcha (por supuesto centralista, algo a discutir en otra oportunidad) en Plaza de Mayo, durante la tarde del 24 de Marzo, y donde cada Jueves desde la époda de los militares, marchan las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo, reclamando por la aparición de sus hijos/nietos y poder devolverles su identidad (sea en vida o no).
Mucho que escribir al respecto. Y fue una semana muy movilizante, para quienes nos queda algo de sensibilidad social, conciencia colectiva, y acaso un sueño de cómo deben ser las bases de una sociedad democrática, justa y todos esos significantes que resultan algo vacíos hoy en día. Justamente, me auto-respondo, el ejercicio de la memoria es el que nos devuelve ese sentido (otra cuestión que discutir, para otra oportunidad, cómo la memoria nos convoca y cómo otras causas ya no tanto, o no logran articularnos, organizarnos).
Y esta idea de articularnos, organizarnos, es la que me quedó dando vueltas durante la semana. La idea de las madres en Amaicha organizandose para prevenir futuros suicidios, para salvarle la vida a sus hijos. Y esta idea de que en Argentina estamos volviendo a cometer, re-incidiendo, en este suicidio colectivo, en este suicidio en masa. Cómo nuestra sociedad adolescente, que no termina de madurar, que no termina de ponerse de acuerdo, que no terminamos de planificar un rumbo de país, de unificar direcciones y romper con esta cuestión ciclotímica (y de ciclos, tan propia nuestra) vuelve otra vez a recaer en un suicidio.
Acá es tentador cargar contra el gobierno. Un centro al area chica para que cabecee; cientificidio, destrucción de recursos naturales (está la ley de glaciares incumplida en favor de la megaminería, que nadie discute deba existir, pero son dos asuntos separados), o una cuestión geopolítica en la cual tampoco tengo intención de entrar.
A donde quisiera apuntar es al rol que ocupan las Madres de Plaza de Mayo en contener el suicido colectivo que actualmente acomete la Argentina. ¿Por qué hablar de suicidio colectivo? Una sociedad que no se piensa a si misma, es una sociedad muerta. Una sociedad que confunde el terrorismo de Estado con una guerra, una sociedad que vuelve a perdonar represores, que pone en duda crímenes de lesa humanidad, que avala el desfinanciamiento a entidades por la defensa de los derechos humanos, y la lista sigue….
Pocas palabras tengo para cerrar esta pequeña reflexión, que tampoco considero muy profunda, sino una coincidencia de esta entrevista, el rol dos Madres en comunidades diferentes, y ciertas similtudes. Acaso una metáfora conveniente, pero creo que hay algo más.
En tiempos donde es difícil ver la luz del tunel, pensar en una Argentina que pueda crecer (y no solamente en el aspecto de derechos humanos, el cual considero viene retrocediendo, y mucho), sino también en el amplio sentido económico, de desarrollo industrial y de apoyo al mercado interno… en fin, en estos tiempos donde los argentinos estamos a la deriva, sin una causa que nos una, sin líderes políticos (ni hablar del peronismo, la izquierda, o cualquier intento de oposición a este anarco-capitalismo que ya no gobierna para unos pocos, sino que vuelve a un virreinato…)….
.. en estos tiempos, escribía, las Madres de Plaza de Mayo una vez más vuelven a convocarnos, a reunirnos, a hacernos ver la cara. A sacarnos de esta virtualidad idiota, del hipotismo de la hiper-conexión, para darnos un abrazo en la plaza, devolvernos esta idea de masa, de compañerismo, de que existe un colectivo frente a una lucha común que no tiene que ver con cuestiones de cientificidio, económicas, o de soberanía, sino algo -quizá- más profundo. Que tiene que ver con la estructura social admisible.
Es siempre bueno, es siempre un abrazo al alma, es siempre una contención, y ¿por qué no? una prevención frente al a un futuro anarco-capitalista más agravado, ver que el colectivo sigue siendo grande, sigue siendo fuerte, aún si no tiene una conducción.